Un día (tercera parte)
- Caresu

- 25 jun. 2020
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Preguntó una vez más …
Pero la voz le dijo:
Regresa por tus pasos, come de los frutos que te dan los árboles más no animales, cuando cruces el lago del Olvido conocido como Lete, toma un sorbo y recuéstate bajo la copa del cedro, cuando despiertes sabrás que hacer.
Las rocas desaparecieron en las sombras.
Afuera el clima estaba realmente loco, comprendió que así estaba su corazón y su cabeza, no en sintonía y diferentes caminos conjugados en su persona, por ello esos cambios de humor, esos deseos ardientes de soledad y quizá de olvido.
Siguió las instrucciones tal cual le fue indicado, tomó agua del rio y conforme pasaba por su esófago sintió como se refrescaba, pero era una sensación diferente a la que se experimenta en los días soleados, más bien era un frescor mentolado, los ojos le pesaron y caminó hacia el cedro, se durmió largo tiempo.
Cuando despertó estaba justo en su cama, corrió a la ventana y vio como el paisaje era más hermoso que siempre, los edificios con sus miles de luces iluminaban la calle, la gente corría y la lluvia era ya aguanieve, le emocionó abrir la ventana y oler el petricor que bañaba todo.
Corrió al cuarto de trebejos y vio la caja, la tomo con cuidado para no herirla.
Agradeció todo lo que había dentro y prometió vaciarla, si vaciarla de lo que no se ve, de eso que pensamos y no decimos, de lo que sentimos y callamos, de lo que observamos sin hacer nada convirtiéndonos en cómplices de las desgracias, de la indolencia, para llenarla de amor, esperanza y todas las bondades de la vida.
La caja la puso a la vista, pero no a la mano, para no olvidarse que UN DIA nuestra caja será pesada y sabremos pues cuanto amamos e hicimos con ella.
Tu caja ¿cómo está?...

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