LLEVAR A CASA, QUIZÁ... (parte tres)
- Caresu

- 26 oct 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 28 oct 2020
Poco después se sentó bajo la sombra del árbol, aspiró el aire , como cuando estás fuera de un escaparte y un pan se ríe de ti al ver el deseo profundo de comerlo, quería llevarse todo en la pintura del pensamiento, captar las texturas, los aromas, el colorido sabía bien que no regresaría ya, debía caminar hacia el extremos de la Isla y regresar...el lugar era eso, para reposar por la eternidad pues nada debe turbar la paz de los trascendidos, no sabía si existía un cielo o un infierno, pero lo que tenía en certeza era que la existencia incorpórea no terminaba al morir, ¿Para qué vivir tanto , sino hay un más allá?... Posiblemente si regresaba a la tierra le gustaría volverse a encontrar con ese gran amigo que yacía bajo el árbol, debería acostumbrarse a su ausencia y a hablar con él en el pensamiento, fueran viento y nube, roca y riachuelo o sentarse en algún café de una ciudad... sería bueno.
En la vida existen dolores que se clavan tan profundamente como aquellos pozos que buscan agua en zonas desérticas. pensaba que un buen día el Sahara habiendo sido un hermoso mar abuso de su belleza y poder, deglutiendo aquello que no debía, así que en balance se seco... pues quizá en algún punto de la historia íntima develo secretos, rompió cadenas de bondad y consumido por la sed de poderío lo llevo al extremo de romper las moléculas de amor dejando desasosiego, olvido y... un poco de pesadumbre.
Era la hora de volver se levantó, se sacudió los pantaloncillos, con la manga se secó el sudor y emprendió el viaje hacia el otro extremo...
Bajó por la ladera, entre pasto silvestre, aromas de campiña y el balar de algunas cabras que pastaban no muy lejos de ahí.
Llegó a la entrada del pueblo, se veía como esas pinturas de mezcla irregular realizadas con un pincel hecho por un fanático del óleo con alguno de lengua de gato, abanico y en las nubes utilizo plano.
Caminó entre las pequeñas calles de adoquín de piedra natural, lijado para que quedara perfecto así que el paisaje era armonioso en el suelo, era color trigo, las casas la mayoría blancas con puertas y ventanas de madera color azul y algunas rojas con amarillo, al parecer no tenían idea que existía otra paleta de colores... en fin estaba de paso.
El graznido de las gaviotas le guio hasta el puerto...
Continuará

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