LLEVAR A CASA...(2DA PARTE)
- Caresu

- 20 oct 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 28 oct 2020
Cuando caminó por el verdor del paisaje, era semejante a esos ensueños donde no podemos avanzar y pesadamente caemos en un espiral sin fondo como si nos atrajera hacia el centro de la tierra, se perdía entre la luz y la oscuridad ,a tientas se abría paso, con sumo cuidado para no herir a las plantas del piso, a la vez evitar desaturdir a los bichos que vivían en el canto de los árboles y bajo las hojas.
Anduvo largo rato iluminado por los rayos que lograban colarse entre las altas ramas, blandía algunas veces las láminas verdes con una ramita que recogió del camino así que cuando salió, la luminiscencia le cegaba el panorama que tenía frente.
Tomó el camino de la derecha, junto al arroyo que era cristalino, frío y en sus momentos de ocio tranquilamente hablaba a las rocas de sus viajes el verano pasado pues el océano había sido su refugio y por la nostalgia del hogar volvió a casa... así es el agua...siempre regresa de donde es...
Ascendió hasta el punto en que se divisaba casi todo el lugar, ahí vio un majestuoso árbol, no podía identificarlo, pero era tal y como lo describía en sus relatos, así que avanzó hacia él, buscaba sombra por un rato, vio por la parte de atrás del tronco enorme, silente, firme, pero áspero por las lágrimas del tiempo que le llevó ser testigo de los improperios que le rodeaban y que callaba, verlo mecerse con el viento, en esa danza sempiterna, era un deleite y escucharlo ulular también.
Cavó una depresión no muy profunda, suficiente para olvidarlo y quizá en unos siglos se convirtiera en un botín, metió la cajita con sumo cuidado se hincó postrándose completamente, dejó brotar un riachuelo de agua salada ,como hacía tanto tiempo que no lo hacía.
La última vez que lloró tenía 15 años, estaba en la banda de guerra del Colegio, tocaba la corneta, un buen día afinándola, su rostro fue lanzado contra la pared, encajándose la boquilla, sus ojos se llenaron de enojo, tristeza y ansiedad, a la par la voz de aquel miserable instructor de tez morena, cabello crespo con corte militar y un uniforme exiguo reía sardónicamente, le exigió no llorar si no vendría otro golpe fatal, en ese instante algo dentro de desconectó como cuando desenchufamos un aparato eléctrico del toma corriente, un hueco se hizo en el lado derecho del corazón y pudo escuchar el pop cuando cayó hasta el fondo de su ser.
Se secó el manantial interno, por más que deseaba en ocasiones gritar o llorar el nudo en la garganta lo impedía y hasta ahí llegaba todo sentir de expresión ,parecía que nada le dolía pero sentía más de lo que expresaba y llevar ahí a su confidente fue el dolor más grande que podía soportar.
Cumpliría como último un viaje con su gran amigo, confidente y cómplice de aventuras, era de esos hermanos del camino que llegan en el momento justo cuando la vida puede pesar más que el plomo, nunca supo cuan feliz le hacía charlar, estar, muy dentro le agradecía todo aquello ...
Continuará...

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