LLEVAR A CASA...(1a. parte)
- Caresu

- 20 oct 2020
- 2 Min. de lectura
Esa mañana melancólica, donde el cielo se encapota en un sentimiento, se preparaba para navegar hacia un destino desconocido, se embarcaba hacia aquellas olas que anunciaban el perdón, las más lejanas denotaban cierto arrepentimiento por lo que ellas eran más profundas, nacían donde habitan los tritones y sirenas, cerca quizá la isla donde descansa el corazón cansado del andar cotidiano.
La barca era de madera Paulownia combinada con Framire así que resistiría el viaje, sólo iría dejará aquella cajita que guardaba como el último deseo, depositaría en la colina y regresaría a casa... quizá...
El viaje empezó en un mar sereno , más que de costumbre así que lo único que quedaba era dejarse llevar por el vaivén en movimiento constante acuna los sueños, como cuando en la mecedora su abuela le leía un cuento, como extrañaba a su tierna nona, con el adagio de su voz en un canon infantil.
El día danzaba en sempiterno vals, clarificaba los minutos que regresaban como gotas al océano, en un momento cabeceo exhausto de cansancio y cuando se despabiló, atisbo en la lontananza la isla de los prados que acunan el corazón, caviló la pronta idea de que llegaría, haría los ritos, continuaría su vida, efectuaría aquel postrimero deseo, no podía dejar de realizarlo, prometer es cumplir...
A unos cuantos kilómetros de la costa, justo donde el oleaje tímidamente roza el canto de la playa, los tritones celosos de aquella embarcación, provocaron un temporal desmesurado, lucho con todas sus fuerzas para mantenerse a salvo pero fue estéril todo aquello que realizó, así que al caer al abismo azul siento como si una fuerza lo llevará hacia el fondo, tomó aire e intentando soltarse de aquellas manos que le jalaban , luchó, salió avante hacia donde el mar bramaba lleno de esa mezcla de emociones que todos experimentamos, entre el desamor, la tristeza, el enojo y el reproche, vio un madero que flotaba buscando quizá donde reposar, llevaba aun consigo la cajita y montándose en él, se dejó llevar.
Al llegar a los linderos de albero burdo, descansó un poco y aquella infinidad verdemar tocaba tímidamente para no despertarlo de golpe.
Cuando se levantó observó que no había embarcación alguna, sólo quedaba su cajita y el mar como testigo, dejaría aquel preciado objeto ,e iría al otro lado de la isla, allá solucionaría todo aquello.
Caminó entre el follaje cuando de pronto...
CONTINUARÁ...

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