LA VIDA DESPUÉS DE UNA AUSENCIA...
- Caresu

- 10 sept 2020
- 2 Min. de lectura
En ocasiones hacemos una parada forzosa para detener el tren de vida que llevamos , las situaciones que vivimos y la gente que nos rodea sin el afán de encender una alerta, es sólo para para tomar fuerza, agua, o simplemente detener el paso .
La insidiosa fatiga que nos causa el cansancio moral puede acabarnos más rápido aquello que nos hastía grandemente corporalmente, porque podemos tomar algún medicamento que nos relaje los músculos, quite la presión en la cabeza etc, pero cuando el agotamiento moral y espiritual es más grande ¿Qué sucede?
El agobio moral/espiritual se siente como esas virutas que quedan después de raspar la madera, regadas por el piso, aunque se barra siempre existe un pequeño rezago, que corre con el polvo se acumula junto con las mañanas perdidas buscando ese pedazo de papel que doblamos un día y guardamos en un libro, se convierte en esa nota que se queda sola en un compás de un pentagrama, en ese número primo, en esa incógnita matemática que no supimos despejar, todo va sumándose en el día a día, aquellas tristezas depositadas en los anaqueles del corazón que nadie llevó ni en barata, esos ojos que miraban de soslayo los eventos e incapaces de sostenerse se cerraban, son esos abrazos que cayeron al vacío y los silencios tan incómodos después de una discusión.
Se ve metiendo entre los recuerdos, las horas y los rocíos hasta el punto que todo se rompe y la vida hace una pausa fulminante...
Quizá en un recorrido del soliloquio veamos desde una ´perspectiva voraz que podríamos haber dicho o hecho, pero ¿Qué lo impedía? las razones son millones ,todas entendibles y algunas justificables, pero cuando la ausencia es definitiva no podemos reprochar que decidió abandonarse ante el abismo que lo trago en un vuelo donde sus alas se rompieron, porque cuando probablemente se pudiese hacer algo, no se hizo, no se dijo...
La vida después de una ausencia toma una luminosidad diferente, aprendemos a vivir con la añoranza y la resignación , la esperanza que está paradita ante el camino, convirtiéndose en una niña de 6 años con pulseras multicolores que nos da la mano para reaprender a caminar con ella, siempre juguetona para reconectarnos con la vida y volver a sonreir.
No dejemos que el cansancio nos mate, que el tiempo nos lleve y que el corazón se pare harto de caminar sin resultados, porque no habrá un mañana un día de estos.
El cuerpo habla, aprendamos a escuchar, observar...
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