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JUEVES...

  • Foto del escritor: Caresu
    Caresu
  • 15 oct 2020
  • 4 Min. de lectura

La mañana empezó como cualquiera, el olor de café provenía de la cocina era una mezcla arábica y robusta, bañaba todas las habitaciones, se combinada con aromas tradicionales del fogón que crepitaba sobre él, la olla y en la estufa estaba un sartén con panceta y blanquillos estrellados, en la mesa estaba dispuesto un pan casero cortado en rodajas irregulares, cuya orilla era crocante amalgamaba exquisitamente almendra y trocitos de frutos secos.


Había los lugares de siempre, pero cuando los conté estaba uno de más... pregunté a mi abuela el motivo, respondió su voz que era un adagio a mis oídos que. pronto lo entendería, que pusiera un servicio completo pero que no sirviera alimento ahí, además debía reservarlo para después dicha porción, colocándola dentro de un refractario de plástico que estaba sobre la repisa de madera tallada con grecas romanas a un lado de la puerta que daba al patio.


Así lo hice, desayunamos con los mismos coloquios de siempre, las actividades y bueno, al finalizar, observé que mi abuela se levantó y vi sus trenzas largas color nieve con brotes de manzanilla diseminados aún en el campo de sus sienes que colocaba la porción completa en el trasto que me había pedido, esto lo hizo durante los tres meses siguientes.


Viendo que salía, me dispuse a seguirla, sigilosamente sin que se diera cuenta, para mi sorpresa entró a una Iglesia y dejó la comida en el altar, oró y regresó a casa sin decir una palabra, cabe mencionar que todos los días era un refractario diferente... por ello guardaba los botes de crema, yogurt y demás.


Un domingo justo antes de la Navidad, mi abuela dejó de cantarle a la vida, cerca de las diez de la mañana, fue ipso facto justo cuando desayunábamos se desplomó. así que el choque fue congelante. Todos corrimos para traer al médico, llevarla a sus aposentos, pero cuando el galeno llegó mi abuela ya había partido.


¿Qué hacer cuando la vida se frena así en esos días?...


Después que se realizó todo lo protocolario y sus deseos, sentados a la mesa, de forma lúgubre, pues la casa no era el brasero de amor de siempre, aromas de esas flores que huelen a cementerio rodeaban todo, una carta apareció justo en el lugar que estaba de más, colocada bajo las servilletas del servicio que no se había acomodado desde ese día.


La carta era con la letra de mi abuela, el remitente decía PARA TI...


Al abrirla, mi prima que estaba acompañándonos, se la dio a mi madre envuelta un llanto desenfrenado, corrió al patio y ahí se quedó...mi madre lloró y guardo silencio... cuando me dio la carta, pensé que seguramente a mi me daría algo, después de aquellos dos momentos.


La carta decía...


Para ti:

Seguramente al leer está carta yo ya me habré ido a un viaje largo, cuyo destino conozco una parte, pero no sé si regrese pronto, en una flor, en el viento o en los colores del arco iris.

Agradezco la vida que me tocó desde mi llegada como inmigrante hasta tener un hogar, las vicisitudes que sucedieron fueron juegos macabros muchas veces del destino que en prueba eterna de las almas les confiere ciertos deseos para ser más llevadero todo.


Tuve claroscuros, perdiendo la brújula muchas veces, cuando la recuperaba venía cargada de bendiciones plasmadas en personas, lugares, recuerdos y cosas que yo ceñía muchas veces en soledad.


Al final comprendí todo y las respuestas que buscaba llegaron, cuando debía ser, quizá para mi era tarde, para el ETERNO era el tiempo perfecto.


Así que una mañana hace unos meses , vino un joven cuyo reflejo era como el sol, emanaba calor, fuego, quietud, consuelo, armonía, sensaciones que hicieron vibrar cada célula de mi cuerpo, su voz resonaba como el clarín matutino, me dijo sucesos que nadie sabía más que mi almohada y yo... me pidió un poco de lo que preparaba pues tenía hambre así que se lo di, le escuché hablar calmadamente, me pidió que todos los días hiciera lo mismo pues el vendría y ese día partiría en paz, sino se presentaba debía ir y dejar todo lo previsto en el altar, alguien lo comería , sin abusar, sabía lo que me decía...así lo hice hasta hoy miércoles, porque él vino hoy... me asusté al verlo...


Le pedí que me concediera , unas horas más para poder despedirme de cada uno y preparar una porción más...


Por ello ese día me despedí de todos, a cada uno le dejo una carta con un mensaje propio, colocadas en el neceser de la entrada, fue una excepción porque no sabemos nuestra hora, ni nuestro momento, pero a veces Dios mismo te da un chance más para hacer las cosas bien.


El abrazo de Dios es matutino con el trinar de los pájaros y al anochecer colocar la luna justo para ti... y para mí.


Me concedió irme antes de navidad así lo pedí siempre, porque todos estarían reunidos y en paz.


Los bendigo a cada uno y por favor siempre coloquen un servicio demás con la intención que esa porción de alimento satisfaga un corazón doliente, porque el alimento hecho con amor sabe a Gloria.


Compartan los frutos de la mesa.


Hasta pronto

Con el amor de siempre.


Todo fue como un balde. comprendí muchas cosas... o tal vez no.


La vida es un efímero sueño del cual al trascender despertamos...

Hecha de momentos, lugares y personas, ese es el bagaje que nos llevamos...


¿Cómo están tus maletas?...


DR. Caresu









 
 
 

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