DOÑA BLANCA… (primera parte)
- Caresu

- 23 jun 2020
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Pasaba por la dulcería que se localiza en la calle de Las Margaritas n. 20 casi al llegar a la esquina, unos cinco metros antes de tornar a la izquierda.
Ahí justamente vendían de todo tipo de dulces, sabores y texturas, desde niña iba compraba 50grs de maní que eran despachados en un cucurucho de papel estraza, eran los justos que podía comer de la escuela a casa.
La tienda la atendía Doña Blanca del Carmen del Sagrado Corazón de los Montes y González que era una señora de mediana edad con un lunar de canas en la frente, su cabello color chocolate caía hasta su espalda de forma recta, era lacia, al pecho llevaba siempre un collar de perlas ostión que eran del día de su boda, sus manos las ataviaba con el anillo de bodas, el de compromiso , en la mano izquierda, en la derecha uno de delicada piedrita de circonio y en las muñecas un reloj con un extensible de metal como grecas griegas, tenía una estructura corporal robusta, empezaba a mostrar esas pequeñas arrugas que se hacen en los ojos que les dicen patas de gallo, quizá les salen a los adultos porque se ríen mucho, pensaba yo…
Llevaba siembre sobre su ropa perfectamente planchada un mandil que resaltaba porque indiscutiblemente siempre vestía de negro ya era viuda, en un pueblo pequeño debían guardar el luto hasta que moría quien sobrevivía.
Estaba por lo regular de buen humor y rara vez la veía pensativa, cuando le observaba al pasar y que no podía entrar porque llevaba compañía.
Se sabía que tenía dos hijos un varón y una mujer, pero al cumplir 18 años se habían ido del poblado para buscar nuevos horizontes, al parecer solo enviaban dinero porque con ello la tienda la surtía y la tenía bien doña Blanca.
Llegó mi tiempo de partir también corrieron los años, cuando regresé para una Navidad, el pueblo estaba cambiado, pero lo único que se mantenía igual eran los escaparates de la dulcería y ella había envejecido de un modo triste, sus ojos denotaban el cansancio de las horas largas a la espera de algo que nunca llegará, su cabello estaba completamente blanco, estaba más delgada podría decirse que su piel era como el cartón corrugado, y la tienda estaba distribuida exactamente como una fotografía vintage, olía a benzaldehído, los muebles estaban decolorados y el barniz habían perdido también su frescura... continuará

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