DOMINGO...
- Caresu

- 18 oct 2020
- 2 Min. de lectura
Cuán bello es el color del domingo es la combinación de colores, en un frenesí de donde nacen los demás, huele a tutti fruti, la luz que irradia es tan cálida como el amor de una madre y tan plausible como la infancia que quizá hoy está tan lejana.
Las mejores historias emergen en domingo, los ríos corren en frenesí con el afán de fundirse en el océano, así podrán encontrar nuevas rutas viajeras, con ello podrán descubrir nuevos mundos, flamantes orillas de playa, escuchar el canto de las gaviotas y sentir la libertad de crecer en olas gigantes para después regresar a su cause.
Los árboles se revisten de esperanza y abren sus ramas para anidar nuevos polluelos de gorrión, maicero y coconitas, en sus troncos las ardillas construyen sus pequeños hogares dentro de ellos, seguras, calientes y lejos del ruido dormirán en invierno.
Los trigales del alma se revisten de oro y las rosas de Francia perfuman el paso sutil del paisaje, las risas infantiles musicalizan el ambiente llenándola de palabras vastas de inocencia, deseos de tocar las nubes al asirse a un columpio y balancearse fortísimo, dejarse ir libremente en la resbaladilla y volver a empezar en un juego eterno.
Tirarse en el pasto y sentir en cada palmo del cuerpo el cosquilleo que hacen, es semejante a la emoción de probar un algodón de azúcar y llenarse los dedos de palabras amables, fragancias de regocijo.
Escuchar el ladrido de los canes y ver el movimiento de su cola al ritmo del amor que emanan, el crujir de las hojas al caer la tarde y el silbato del tren son los presentes del domingo que guardo en la memoria para esos días en que el sol no brilla tanto...
Mi corazón saluda agradecido al día en que el amor fue construido.
(FRAGMENTO Derechos reservados -Caresu- del Libro UNA LINEA... UNA VIDA TOMO 2)

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